De Puntín - Crítica



UN EMPATE SOBRE LA HORA

Pudo haberse llamado “De rabona”, “De taco”, “De caño”, “De sombrero”, incluso“De cabeza”. Pero esta antología de cuentos sobre fútbol, a cargo de Diego Grillo Trubba, la cuarta de una serie que ya habló sobre sexo, casos policiales y años noventa, justo vino a denominarse De puntín. Y De puntín, además de un recurso rústico para pegarle a la pelota, es el nombre de otro libro de relatos futbolísticos editado por primera vez en 2003 por Ediciones Al Arco.
Debieron conocerlo. Porque no era cualquier cosa: en De puntín, el original, están presentes, entre otros, Eduardo Galeano y Roberto Fontanarrosa, dos de los grandes que llevaron la pelota hacia el campo literario. De puntín, entonces, arranca mal. Digámoslo en términos tribuneros: sale del vestuario con un gol en contra. Y con uno menos: reúne a veintiún escritores –once hombres, diez mujeres– cuando con veintidós se armaba el picado. Pero es lo de menos.
La tapa advierte que quienes escriben son “los mejores narradores de la nueva generación”. ¿Por qué los mejores? ¿Quién lo dice? ¿Dónde quedaron Mairal, Bruzzone, Coelho, Cucurto, por mencionar algunos brillantes autores comprendidos en las antologías anteriores? En el libro, no hay pistas. GrilloTrubba, que además incluye un cuento propio, no explica sus criterios en el prólogo porque, a decir verdad, tampoco hay prólogo.
Y entonces, cuando De puntín ya está perdiendo dos a cero, casi sobre la hora, lo salvan algunos textos frescos, ágiles y deliciosos.
Entre los más destacados aparecen Selva Almada, con unas chicas que mientras faenan pollos rememoran las disputas por los jugadores del pueblo; Mariela Ghenadenik, con la anciana que, en el final de su vida, prefiere latribuna; Celia Dosio, y una mujer que descubre, a través de la pelota, el monstruo que esconde su hombre; Hernán Arias, que mediante el genial René lanza una crítica hacia el negocio de la televisión, y Juan Terranova, con un gran cuento sobre el despido de un periodista que escandaliza exaltando a un jugador fascista. Los cinco se comen la cancha.
Pero hay más. Hay barrio, potrero (¡sí, todavía!), amor, violencia, herencia de colores, PlayStation (¡la nueva generación!), frustraciones, vida, muerte. Porque De puntín no es una antología de puros relatos futboleros, sino también dehistorias cotidianas cruzadas por el fútbol. Y ahí, llegando al empate agónico, está quizá lo más interesante.
Alejandro Wall