Clubes de lectura: un refugio contra el ruido




Estoy agotada. No solo porque es fin de año y la agitación de una rutina exigente ya pide un descanso. Sino por el ruido. Si bien tengo anuladas todas las notificaciones y trato de minimizar la mayor cantidad posible de interrupciones durante el día, el problema no se elimina porque es más profundo. Estoy –como la mayoría- sumergida en el ecosistema de la dispersión y perdí la capacidad de estar quieta y en silencio.

Me di cuenta de que en una gran cantidad mis pensamientos hay voces ajenas. Algo que escuché en un streaming, lo que se conversó en un podcast, una historia narrada en algún reel, memes, chats, series, playlists, webinars, audios de Whatsapp… Sin querer, de pronto mi voz interior, la que acarreaba mis pensamientos y mis dudas más neuróticas se quedó muda. 


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El pan que la inteligencia artificial no deja levar



La integración de la inteligencia artificial en la literatura ya es un hecho. En mayor o menor escala, en muchos casos ya forma parte del proceso de escribir. La cuestión ya no es sí o no; sino hasta dónde, cuánto y cómo.

Porque está la tentación de dejarnos llevar y convertirnos en el Christian de un Cyrano/IA locuaz y efectivo para enamorar a Roxanne. El chat nunca dice no sé y jamás se queda en silencio. Un factor clave, porque Roxanne es un poco narcisista y necesita que le digan cosas lindas todo el tiempo. Si Cyrano se queda callado, la comunicación se rompe y el amor entre Christian y Roxanne se vuelve aún más imposible.

Hay que admitir que escribir acompañados ayuda bastante al miedo a la hoja en blanco. Un borrador hecho por una inteligencia artificial es como una mantita de apego que amortigua la caída libre de no saber qué decir. Su eficacia maquinal también funciona para domar el temor a la página en negro del que hablaba Borges: ese momento en el cual hay que desmalezar un borrador excesivo y destilar lo que se intenta decir.

Y es acá donde la utilidad revela su trampa. Esa mantita no solo nos quita el miedo; nos quita el vacío. Pero… la literatura se alimenta de la demora y del silencio.


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Los desafíos de escribir sobre la actualidad en tiempos de cambio




Escribir sobre el presente es complejo. Tanto la literatura como la crónica funcionan como sensores que capturan la vibración de una época. Pero cuando el cambio se vuelve tan acelerado, el desafío se intensifica: ¿cómo narrar el presente sin que el texto se convierta en un fósil apenas publicado? Nos movemos en territorio inestable. 


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Soledad acompañada: cómo son las nuevas fiestas de lectura




En tiempos de hiperconexión, ruido constante y vínculos mediados por pantallas, las fiestas de lectura ofrecen algo extraño y necesario: la posibilidad de compartir el silencio, pensar sin interrupciones y conectarse sin exponerse.


Yo, mí, me, conmigo: ¿Se nos fue de las manos la literatura del yo?

 


Muchos escritores empezamos a despuntar el vicio con algún diario íntimo o con poesía dudosa en un cuaderno medio deshojado. Ahí volcábamos dramas adolescentes que – al menos yo- destruimos sin dejar rastros en un arranque de vergüenza. Si bien este gesto expresivo es muchas veces la puerta de entrada a la producción literaria, una de las primeras reglas que te enseñan en el taller literario es que el diario íntimo no es literatura. 


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